Marzo 6, 2026

Conmemoración de los 75 años de Canto general en Universidad de Chile

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En la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, el  1° de diciembre de 2025, se realizó la conmemoración de dos hitos fundamentales de la literatura latinoamericana: los 75 años de Canto General y los 100 años del inicio de Residencia en la Tierra. La actividad reunió a académicas, académicos, estudiantes y representantes del mundo cultural para reflexionar críticamente sobre la actualidad, las tensiones y las múltiples lecturas que la figura de Pablo Neruda suscita en el siglo XXI. Compartimos el discurso del Decano de la Faculta, Sr. Raúl Villarroel, quién ahondó en la ocasión sobre un Neruda que transitó en su vida y obra  desde un “yo” más solitario, hasta la construcción del “nosotros” más inmenso.

De la Soledad al Pueblo. Un Siglo de Voz.

Doble conmemoración: 100 años de Residencia en la Tierra y 75 años de Canto General

 

Por Raúl Villarroel

 

Estimadas autoridades universitarias, colegas, estudiantes, amigas y amigos de la cultura que nos acompañan:

Nos reunimos hoy en este espacio de pensamiento crítico, en nuestra Facultad de Filosofía y Humanidades, para conmemorar dos hitos que no son meras fechas en un calendario literario, sino emblemas en la historia cultural, social y política de América Latina; no solo para cumplir con un rito, sino para enfrentar un fenómeno que excede la mera cronología. Nos convoca una coincidencia asombrosa, una alineación planetaria en las letras hispanoamericanas.

Al conmemorar los 100 años de Residencia en la Tierra y los 75 años del Canto General, no estamos celebrando solo versos. Estamos analizando la transformación de un hombre y, a través de él, la toma de conciencia de un continente entero. Estamos aquí para hablar de cómo la poesía bajó del Olimpo para esconderse en la clandestinidad y cruzar la cordillera a caballo.

Decir “Neruda” en la Universidad de Chile y particularmente en nuestra Facultad de Filosofía y Humanidades es decir “familia”, porque es también recordar al joven Neftalí que caminó por los pasillos del antiguo Instituto Pedagógico, buscando en el idioma francés una llave para el mundo, pero encontrando en la lengua española la cerradura del universo.

Hoy, con todo el respeto y la admiración que siento por los especialistas y eruditos aquí reunidos, quisiera invitarles a reflexionar sobre el arco monumental que se tiende entre estas dos obras. Un puente que va desde la angustia del “yo” más solitario, hasta la construcción del “nosotros” más inmenso.

Hace aproximadamente un siglo, un joven cónsul chileno, perdido en las lejanías de Rangún, Colombo y Batavia, comenzó a escribir una poesía que cambiaría para siempre el aliento de nuestra lengua.

Residencia en la Tierra no es precisamente un libro amable. Es más bien un libro que mira al abismo, a la inefable posibilidad del Ser del que hablamos los filósofos. Residencia en la Tierra es la poesía de lo que sobra, de lo gastado, de lo que perece. No es solo un libro sobre la angustia personal; es el testimonio clínico de la alienación contemporánea. Es el documento de un sujeto vitriólico y aislado, producto de una modernidad capitalista que desintegra fatalmente al individuo: “Sucede que me canso de ser hombre…” nos dice el poeta.

Ese verso, que ha resonado en estas aulas por décadas, no es solo una queja existencial; es la denuncia visionaria de una modernidad que ya comenzaba a fracturarse. En Residencia en la Tierra, Neruda es el testigo mudo de un mundo caótico, un “buzo ciego” escrutando en las profundidades abisales de la realidad. Es la obra de la soledad absoluta, hermética y oscura.

Pero no se trata solo del ensimismamiento, de la reducción a la pura subjetividad de la experiencia desgarrada, y aquí es donde radica el milagro que celebramos hoy, porque 25 años después de ese sombrío momento, en 1950, aparece en México —con las ilustraciones de Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros— la edición original del Canto General.

Si Residencia en la Tierra es la implosión del sujeto, el Canto General es la explosión de la historia.

Al cumplir 75 años, este libro sigue siendo una suerte de Biblia secular de América. En sus páginas, Neruda deja de ser el individuo angustiado para convertirse en un cronista geológico. Ya no le canta a su propia tristeza; le canta a la anatomía de un continente.

Neruda desciende a las raíces, toca la piedra de Macchu Picchu y pronuncia el mandato ético más importante de la poesía latinoamericana del siglo XX: “Sube a nacer conmigo, hermano.”

Es el tránsito de la soledad a la solidaridad. Del silencio retirado de lo individual a la voz expandida de lo público. Por ello, en el Canto General la Universidad de Chile encuentra su espejo: la vocación de lo público, la defensa de los oprimidos, la recuperación de la memoria histórica de los traicionados. Es un libro que nace en la clandestinidad, escrito en casas de seguridad, oculto bajo abrigos, cruzando los Andes hacia el exilio.

El Canto General es, ante todo, un acto de revisión histórica radical. Por primera vez, un poeta se atreve a reescribir la historia no desde la pluma de los vencedores, sino desde la sangre de los vencidos. Neruda nos enseñó que el deber del intelectual latinoamericano es nombrar lo que el poder quiere silenciar. Hoy, cuando vemos nuevas formas de abyecto imperialismo y el resurgimiento de discursos de odio, el Canto General sigue siendo un manual de resistencia y nos recuerda que el inmarcesible nombre de América no se invoca en vano.

¿Y por qué es vital conmemorar esto hoy, en pleno siglo XXI, en la comuna de Ñuñoa y aquí en nuestra Facultad?

Porque estas dos obras nos enseñan las dos tareas fundamentales de las humanidades: mirar hacia dentro (Residencia en la Tierra) para entender la condición humana, la fragilidad, el tiempo y la muerte; y mirar hacia fuera (Canto General), para entender la política, la historia, la injusticia y la identidad colectiva.

Neruda nos demostró que no son caminos excluyentes. Que se puede ser el poeta de la lluvia triste y el poeta de la espada de fuego. Que se puede habitar la angustia y, al mismo tiempo, luchar por la justicia.

Al conmemorar estos aniversarios, no estamos desempolvando libros viejos. Estamos reactivando una energía telúrica y vital. Residencia en la Tierra nos recuerda que somos frágiles; el Canto General nos recuerda que somos fuertes cuando somos multitud.

Que el espíritu de estas obras siga recorriendo nuestros pasillos, inspirando nuestras tesis y desafiando nuestro pensamiento. Como herederos de esta tradición en la Universidad de Chile, tenemos el deber de mantener viva esa llama: la del rigor intelectual y la del compromiso apasionado con nuestro tiempo.

Que estos aniversarios sirvan para reafirmar el compromiso de nuestra Facultad de Filosofía y Humanidades de ser una conciencia crítica para Chile, para incomodar al poder y poner luz en la oscuridad que parece cernirse sobre nuestras cabezas. Y así, como pidió el poeta, dar voz a quienes la historia oficial ha mantenido en silencio; sobre todo cuando, como una dolorosa paradoja, es el mismo silencio que desde hace un tiempo se ha querido dejar caer trufadamente sobre su portentosa figura.

Muchas gracias.

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