Marzo 6, 2026

Oda a la Rosa

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A la rosa,
a esta rosa,
a la única,
a esta gallarda, abierta,
adulta rosa,
a su profundidad de
terciopelo
al estallido de su seno rojo.
Creían,
sí,
creían
que renunciaba a ti,
que no te canto,
que no eres mía, rosa,
sino ajena,
que yo
voy por el mundo
sin mirarte,
preocupado
sólo
del hombre
y su conflicto.
No es verdad, rosa,
te amo.
Adolescente
preferí las espigas,
las granadas,
preferí ásperas flores
de matorral, silvestres
azucenas.
Por elegante
desprecié tu erguida
plenitud,
el raso matinal de tu corpiño,
la indolente insolencia
de tu agonía, cuando
dejas caer un pétalo
y con los otros
continúas ardiendo
hasta que se esparció todo el
tesoro.
Me perteneces,
rosa,
como todo
lo que hay sobre la tierra,
y no puede
el poeta
cerrar los ojos
a tu copa encendida,
cerrar el corazón a tu
fragancia.
Rosa, eres dura:
he visto
caer la nieve en mi jardín:
el hielo
paralizó la vida,
los grandes árboles
quebraron sus ramajes,
solo,
rosal,
sobreviviste,
terco,
desnudo, allí en el frío,
parecido a la tierra,
pariente
del labrador, del barro,
de la escarcha,
y más tarde
puntual, el nacimiento
de una rosa,
el crecimiento de una
llamarada.

Rosa obrera,
trabajas
tu perfume,
elaboras
tu estallido escarlata o tu
blancura,
todo el invierno
buscas en la tierra,
excavas
minerales,
minera,
sacas fuego
del fondo
y luego
te abres,
esplendor de la luz, labio del
fuego,
lámpara de hermosura.

A mí
me perteneces,
a mí y a todos,
aunque
apenas
tengamos
tiempo para mirarte,
vida para
dedicar a tus llamas
los cuidados,
rosa
eres nuestra,
vienes
del tiempo consumido
y avanzas,
sales de los jardines
al futuro.
Caminas
el camino
del hombre,
inquebrantable y victoriosa
eres
un pequeño
capullo de bandera.
Bajo tu resistente y delicado
pabellón de fragancia
la grave tierra derrotó a la
muerte
y la victoria fue tu
llamarada.

 

«Oda a la Rosa» en Odas elementales (Pablo Neruda, 1954)

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