Marzo 6, 2026

Elvira Hernández sobre Stella Díaz Varín: La otra creación pajarística

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¡Cuánto contento le habría provocado a Stella tener entre sus manos, esta pequeña y amigable publicación mexicana –Material de lectura N° 7 col. Vindictas/Poetas Latinoamericanas, UNAM, México, 2023, selección y nota introductoria preparada por la poeta de ese país, Claudia Posadas–, dedicada a su poesía!; también, su iniciativa para esta colección de espíritu justiciero.

Muy poco reconocimiento tuvo en nuestro país la poesía de Stella mientras vivió. Se enfrentó, en aquellos años, a una crítica que azumagaba los versos liberados de la métrica tradicional aun cuando la emancipación ocurriera de manera inteligente, como era que se edificaban los poemas de nuestra poeta. Pero había más: en los años que dividieron el siglo pasado, estaba la desatención prejuiciosa y generalizada hacia la escritura de las mujeres. Casi la totalidad de las escritoras soportaron el desdén de la crítica hacia sus libros; esto, contiguo a la conquista del sufragio y a su incorporación al mundo del trabajo asalariado. Resultaba el territorio del arte, y en particular de la literatura, un coto de casi exclusiva consagración masculina. Bajo esa hegemonía, la poeta permaneció ignorada y relegada, pero nunca acallada. Fue, sólo tras el Encuentro de Literatura Femenina de 1987 que refrescó en ese año el panorama literario, que Stella fortaleció vínculos con poetas mujeres de las generaciones emergentes, a la vez que concitó la atención de un público distinto, aunque no sin dificultades. Lectores que se acercarán a escucharla, y se deslumbrarán con sus puestas en escena. Stella ha atravesado el tiempo y está de pie en el umbral como una aparecida. En efecto, sus libros que ya no se encontraban, vuelven a reeditarse –gracias a la editorial Cuarto Propio– y ella, en este re-estreno da muestras de encontrarse viva: su presencia es innegable, con sus escritos y sus apreciaciones tajantes.  

Sin embargo, el paso del tiempo que no hizo mella ni erosionó sus versos erigidos con materia verbal de gran fineza y penetración, los puso a trasmano de esos nuevos lectores que iban, a instantes, a alta velocidad de consumo de páginas, cuando Stella pedía detenerse. Otra sensibilidad, desprendida de los 17 años de empobrecimiento local y de experiencias pasadas que parecían cerrar un ciclo, impregnaba la comarca cultural post dictadura. Enrique Lihn, atento a los fenómenos posmodernos, advertía en el prólogo del premiado libro de Stella, Los dones previsibles (Cuarto Propio, 1992, premios Pedro de Oña, 1986 y Mejores Obras Literarias Publicadas del Consejo del Libro, 1993) acerca de la poesía concebida como canto y su desplazamiento con la disolución del verso en el texto bajo el dominio de la escritura. Era una señal de que la poesía había tomado otro derrotero y se desperdigaba en la página. No obstante, Stella ya había hecho lo suyo y ahí se entronizaba. Su voz seguía siendo contemporánea, vigente. Ocurriera lo que ocurriera, había dicho de manera terminante y tranquila: “Tomaré una de mis pequeñas flautas colgantes / y entonaré la canción del amor”. Y en aquello pervivió, un sentimiento de amor sin sentimentalismos, considerándolo lo más desinteresado y maravilloso del ser humano.

Autora de una obra concisa –que Claudia Posadas recoge en su plaquette– los poemas han permanecido como sobrias alhajas de luz tenue. Conservan un tono meditativo, calmado, apaciguado aun cuando estén confrontando. No son palabras a punto de escaparse ni se volcarán en la sintaxis; no serán aquellas que se autodestruyan en la estridencia. Son palabras de orfebrería, que muestran un destello interior y la paciencia con que han ido torneando intenciones. Nada en Stella es superfluo. Escribe así su poema “Profecía” cuando el vaticinio ha recorrido siglos y el vate se encuentra instalado en todos los púlpitos con su chaya de palabras. No profetiza, evidencia por su parte que ese tiempo se acabó; más bien, poetiza, apuntando de refilón, al sustantivo poetisa, con el que, sin duda, en ese tiempo, muchas veces la llamaron para asignarle un lugar en la marginalidad. Sí, poetisa, y muy recontra afincada y afinada. Más de treinta años después, Tamara Kamenszain dirá en un muy señalado poema: “Poetisa es una palabra dulce / que dejamos de lado porque nos avergonzaba / y sin embargo y sin embargo / ahora vuelve en un pañuelo / que nuestras antepasadas se ataron / a la garganta de sus líricas roncas”. Desde ese lugar donde se fortalece, Stella dice lo que dice, poetiza con humor irónico, el que desenvuelve con contención y sutileza. A sus críticos, el poema completo debió parecerles cerrado como ostra. O, como buena predicción, escrito en lenguaje oscuro y patético. La consideraban impenetrable cuando no decían que escribía sin concierto. Releyendo estos versos estróficos se puede cotejar que “Los abismos se acercan / Y las múltiples aguas / Devienen creaturas de espanto”, no son inabordables. Se presentan nítidos como una fotografía reciente y que ayer no debieron ser menos. Voy entonces, en el mismo poema, a los pájaros sirlos. Me deleito con la presencia de esa espléndida palabra: sirlos. Otorga realidad, majestuosidad, vida a lo que emerge del poema. Nos recuerdan, una vez más, que son las palabras las que hacen la poesía. Stella menciona que son bellos pájaros que emigran. La palabra acuñada queda resonando: sirlos. Un batir de alas, una repercusión acústica. El poema sigue adquiriendo cuerpo, resplandor, sin necesitar ya de otros pájaros tan gastadamente poéticos como los mirlos. Reconozcamos que ella tenía también su pajarístico.  

El humor plácido, antes de que se convirtiera en furia, era una manifestación maravillosa en Stella. Estaba repleto de matices y era inagotable. Formaba parte de la manera en que sus poemas se abigarraban. Iba diciendo muchas cosas con imágenes descoyuntadas. Pero cada una tenía su blanco, o transitaba por el espacio del azar objetivo. No es casual o lo es, que en el poema “Narciso” aparezca, señalado como si nada, el pequeño dios en una realidad desdibujada, compleja, atroz y bella, y, que la voz maestra y femenina que resuena, la haga parecer trivial, a sabiendas que no lo es cuando dice: “Uno al fin se acostumbra / a que nadie le diga adiós”. Aquella voz burlona, consciente de lo que acaba de decir, irá –sin ortodoxias– hacia donde considera que hay elevación, sacralidad pagana. Verso tras verso estará poetizando las primeras jornadas o días de otra creación, no del creacionismo, cuando el final del poema abrirá una realidad de por sí misteriosa que leo:

Las vertientes que indujeron a Dios
a unir nieve, corazón de árbol,
hiel, resina oscura,
vacilación, campana, eternidad,
y la noche por ojos.

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* Texto leído durante el “Homenaje internacional a Stella Díaz Varín (1926-2006) en la víspera del centenario de su nacimiento. Publicación en México por la UNAM de una antología de su obra”, el 16 de noviembre de 2024, que fue transmitido a través de las plataformas virtuales de la editorial chilena Cuarto Propio. Además de realizarse una revisión de la obra de la autora, se presentó la antología Stella Díaz Varín, Vindictas Poetas Latinoamericanas núm. 7. Material de Lectura. Fomento Editorial, UNAM, México, 2023, selección y nota introductoria de Claudia Posadas. Participaron Javier Bello, Soledad Falabella, Silvia Guerra, Elvira Hernández, Eugenia Prado Bassi, Mercedes Roffé, Rocío Silva Santiesteban, Rodrigo Verdugo, Marisol Vera Giusti, Paloma Bravo y C. Posadas.

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Elvira Hernández (Foto por Javier Narváez)

Elvira Hernández

Lebu, Chile, 1951. Poeta y ensayista, es una de las voces imprescindibles de la poesía latinoamericana contemporánea. Su libro más reciente es Reordenamiento de los días (Universidad de Chile, 2025). Ha sido galardonada con el Premio Altazor de Poesía (2012), el Premio Nacional de Poesía Jorge Teillier (2018), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2018), el Premio Nacional de Literatura y El Premio Nacional de Literatura 2024.

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Claudia Posadas (Foto por Javier Narváez)

Claudia Posadas

Poeta y ensayista mexicana. Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte, México. Ha publicado, entre otros, Liber Scivias (UNAM, 2026), Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2009, y las antologías de las poetas chilenas Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía, 1983-2020 (UANL 2021) y Stella Díaz Varín (UNAM, 2023).

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