Fundación Pablo Neruda conmemora este 2025 los “75 años de Canto General”, libro fundamental del poeta Pablo Neruda, una de las obras más influyentes de la poesía Americana y universal.
En Canto General, Pablo Neruda construye la figura del “árbol del pueblo”, que representa la estirpe de hombres y mujeres que, a lo largo de las generaciones, luchan por la libertad. Este árbol, al igual que la semilla del pan, nace de la tierra:
De la tierra suben sus héroes / como las hojas por la savia / y el viento estrella los follajes / de muchedumbre rumorosa, / hasta que cae la semilla del pan / otra vez a la tierra.
La doctora Eugenia Neves señala que:
“…la imagen de la Libertad en Canto General tiene la forma de un árbol cuya fuerza emana de la tierra para darle vida a los héroes de la Libertad, incesantemente renovados.”
Los libertadores de Canto General no son únicamente los próceres que luchan en las guerras de Independencia contra el imperio español a comienzos del siglo XIX, sino también los pueblos originarios que resistieron a los conquistadores y los líderes populares que, en el siglo XX, se enfrentaron al imperialismo norteamericano, buscando la redención del campesino y del obrero.
En las secciones “Los conquistadores” y “La arena traicionada” aparecen los antagonistas de los libertadores. Entre ellos destaca el tirano, gobernante que ejerce el poder por la fuerza y comete toda clase de atrocidades. Este tipo de sátrapas no solo aparece en la historia y la literatura latinoamericana, sino también en la narrativa europea, como en Tirano Banderas de Valle-Inclán y El hombre a caballo del fascista francés Pierre Drieu La Rochelle.
En “La arena traicionada”, Neruda despliega una galería de caudillos que oprimen a sus pueblos. Entre ellos se encuentra Juan Vicente Gómez (1859–1935), paradigma del dictador latinoamericano que concentra en sí mismo todo el poder: es hacendado, caudillo, político y militar. Gómez alcanzó el poder absoluto en 1908 al derrocar a su protector, Cipriano Castro, y lo mantuvo hasta su muerte en 1935. Aunque fue elegido presidente constitucional, simultáneamente ejerció el poder como comandante en jefe del ejército, persiguiendo a los opositores y entregando parte de la riqueza petrolera del país a sus aliados y a grandes empresas extranjeras.
Otro personaje del elenco de “La arena traicionada” es José Gaspar Rodríguez de Francia (1776–1840), nombrado Dictador Supremo de Paraguay por cinco años, cargo que conservó hasta su muerte. Durante su gobierno aplastó cualquier intento de derrocamiento y aisló al país económica, política y culturalmente, convencido de que ese aislamiento era la forma más eficaz de mantener el poder.
Juan Manuel Domingo Ortiz de Rosas (1793–1877) fue otro caudillo destacado. Gobernador de la provincia de Buenos Aires, tras finalizar su mandato organizó expediciones contra los pueblos indígenas que ocupaban grandes extensiones de la pampa.
Además de estos personajes históricos, en Canto General aparecen figuras genéricas, tipos de opresores que no se identifican individualmente, como los que Neruda denomina “los abogados del dólar”:
Infierno es el abogado criollo / de la compañía extranjera (…)
Viste de gringo, / escupe como gringo. Baila / como gringo…
Estos abogados sirven a grandes corporaciones, como Standard Oil Co., Anaconda Copper Mining Co. y United Fruit Co.
Sin embargo, Neruda no es anti-norteamericano. Valora a figuras como Abraham Lincoln, Walt Whitman —a quien consideraba su padre literario— y el cantante Paul Robeson, quien, según el poeta:
…canta como la tierra / como el comienzo del mar y de la vida / canta sobre las crueldades y los avisos / de Coca-Cola…
También condena al Ku Klux Klan, “que mató a un bárbaro persiguiéndolo / colgándolo al pobre negro que aullaba, quemándolo vivo…”
Pero Neruda ama al pueblo norteamericano, al granjero, al trabajador. Por eso invoca a Abraham Lincoln, diciendo:
Que venga Abraham, que hinche / su vieja levadura, la tierra / dorada y verde de Illinois, / y levante el hacha en su pueblo / contra los nuevos esclavistas, / contra el látigo del esclavo, / contra el veneno de la imprenta, / contra la mercadería / sangrienta que le quieren vender. / Que marchen cantando y sonriendo / el joven blanco, el joven negro, / contra las paredes de oro, contra el fabricante de odio, contra el mercader de su sangre, / cantando, sonriendo y venciendo.
Que despierte el leñador.
Por Darío Oses




